Solo el transcurso del tiempo, el conocimiento minucioso de cada cepa, la inmersión en sus suelos, el estudio del peculiar clima y el entorno, las labores meticulosas en campo y bodega…nos dan pistas para atisbar la envergadura de un proyecto que refleja la autenticidad de un paisaje singular. Un aprendizaje que no teníamos en 2013 cuando la familia Ruiz Aragoneses inicia su aventura en Ossian, no éramos realmente conscientes del inigualable valor de este terruño: particular, único, genuino.

Con todo, sentimos que apenas hemos dado los primeros pasos de un camino de aprendizaje cuyo objetivo es dar aún más valor a la riqueza de un patrimonio excepcional. Un patrimonio en forma de viñas que, como esculturas, se erigen firmes e hieráticas en un terreno predestinado a perdurar. Como tal entendemos este regalo de la naturaleza y es por ello que dar lo mejor de nosotros mismos es la única manera de rendir un homenaje sincero y honesto a esta tierra.